TENÉIS TODA LA RAZÓN

 

KK 448

 

Llegué aquí perdida, hueca de fe,

hastiada de verdades y mentiras,

obcecada en encontrar todas las respuestas,

dispuesta a pronunciar todas las preguntas.

 

 

Grité,

los gritos mudos de los advertidos de antemano por el miedo.

Lloré,

impotencia y desespero provocado por la duda de la inercia.

Reí,

la risa tonta que precede a la confirmación de la locura.

Y hablé,

hablé por fin palabras que eran mías,

que no tenían huellas de dolor y de derrota.

 

Hoy sé que la respuesta eran todas las preguntas

y la insaciable necesidad de despejarlas.

Hoy sé cuál es el sentido de la vida,

él no dejar de formularlas.

¿Es la vida mis palabras?, o

¿SON MIS PALABRAS QUIÉN DAN VIDA?

 

Fotografía y poema: María José Gutiérrez Sánchez

 

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LA RÚBRICA

 

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Sé que hay un brillo de soberbia en mi coraza,

es solo el reflejo del sol que nos ataca,

por dentro no aprecio mis palabras,

ya sabéis, las presto a quién las canta.

 

 

Si yo hubiera sabido…,

ayer no estuve atenta, fue un día triste

oculto en el cerco que forma mi sonrisa,

si yo hubiera sabido…

 

 

Si Yo hubiera sabido,

no lo hubiera hecho,

pues sigo defendiendo las cosas importantes,

no por desdén, lo haría por respeto,

que yo le admiro no solo por sus letras,

pues ahora que, en solo un año,

he sufrido el ataque de los clones,

admiro más su larga trayectoria,

pues es el alumno el que recibe

los dones de todos sus maestros.

Permitame que le compensé

con lo único que poseo,

mi voz y mi palabra.

Y bueno…

una sonrisa mañanera.

 

He visto dónde guarda usted los libros,
el mío es malo, pero por Dios,
no lo guarde en la despensa. 🙂

 

Fotografía y poema: María José Gutiérrez Sánchez

EL RUBIUS, LOS HOMBRES DE HOY

 

 

g 117

 

 

 

Añoro aquellos tiempos

en los que se molestaban

un poco en engañarnos.

Los de actores de Hollywod

o hermanos insaciables.

Añoro aquellos tiempos

en que venían a comprarme

con una gran caja roja

repleta de bombones de posibles.

Añoro aquellos tiempos

en que se disfrazaban de elegantes,

que apretaban las manos

y por detrás la soga del ahorcado.

Añoro aquellos tiempos

de líderes negros

de fotos de portada

exhibiendo sus promesas,

de showman de magazine nocturno

atragantado con una galletita.

Añoro aquellos tiempos

dónde nos mentían

de forma descarada.

Hoy me he dado cuenta

que la rueda se ha tornado.

Somos ahora nosotros

quiénes disimulamos

y son los poderosos

quiénes andan desnudos

de diplomacia y de decoro.

 

Fotografía y poema: María José Gutiérrez Sánchez

TRAIGO ESTE POEMA

 

v 132

 

Traigo este poema 

que hoy no contiene versos,

es solo una silueta de tiza

alrededor de su contorno

en la escena del seguro crimen

que volverán a cometer,

de nuevo, mis palabras.

Es Nada provocando con su vacío

el supuesto de todos los hombres

que querrán ver en ocasiones

un abismo existente.

Se asomarán al borde de la raya,

y muchos de ellos imaginarán

una sima oscura, impenetrable

que les amenaza con el miedo

a contemplar en su fondo su reflejo;

otros verán un prometedor túnel de futuro

hacia un objetivo alcanzable,

un lógico orden de palabras

con el cual, tal vez, simpatizasen.

Hoy no traigo versos

traigo Antes y Después,

Fueras y Dentros,

nosotros, vosotros y ellos.

Hoy sé

que no es el azar el que permite

la vida a mis palabras,

es la seguridad

la asesina de mis versos.

 

 

Fotografía y poema: María José Gutiérrez Sánchez

DECIDME

 

 

 

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Decidme a todas horas

quién labra las doctrinas,

quién acalla los cantos

que fluyen como ríos,

quién bajo piedras

esconde las verdades

que en sombras comedidas

esconden sus tareas.

Quién tiene las preguntas,

quién sabe las respuestas.

Decidme con conceptos,

qué pecados fueron cometidos,

qué árbol mancillado,

qué fuente envenenada.

Decidme la palabra exacta

que dicte el compromiso

que me una a todos los amables,

testigos de las dudas

que acumulan los pliegues

que forma mi memoria.

Decidme

pues

al menos

que fueron sostenibles.

 

Fotografía y poema: María José Gutiérrez Sánchez

FUGA Y DERRUMBE

 

FUGA Y DERRUMBE

Doy hueco oscuro
al amor que me hostigaba,
la sombra negra
ya no repta tras mis pasos.
En mis pulmones,
el alivio del suspiro
guerreando con mis ojos insistentes,
recordatorio febril de todos tus detalles.
 
Me daña el aire
al aprender a respirarle.
 
Tu fragancia
me confirió presa de la carne.
Ahora añoro las huellas de tus dedos;
caminantes proclives de mi sima,
deudores del placer que yo ofrecía,
estambres de azahar en las mañanas.
 
Invoco a un nuevo Satanás
que me eleve hasta los cielos.
 
Proclamo a esta ruina,
reina de rabias y amarguras.
Solo el procaz destello que inventan las luciérnagas,
Por un momento sol
en el jardín donde pasean mis dudas preferidas
salvaguardan a mi cuerpo de ser codiciado
por la inquina del murmullo ajeno.
 
Presiento un ángel
volando en mi venganza. 
 
La noche
viene a contemplarme,
tenebrosa vigía de mis culpas.
Mi oscura madre me brinda su regazo
y admito someterme a su negra disciplina.
En su vigilia muero
inmersa en la opacidad de algún instante;
pues débil por amor
soy ahora mansa.
 
Recurro a otra boca,
asesina de mi vergonzoso llanto.
 
Me duelen los lugares que habitaste,
fingiendo en sus rincones
que me amabas.
Ahora duermo apoyada en el corazón de Nadie;
elocuente contestador de mis soliloquios,
amigo íntimo de mis secretas vanidades.
 
Visualizo a otro mortal dios
descendiendo hasta mi infierno.
 
Tu esencia,
tormenta en las mañanas de mi mente,
quién incapaz de espantar a tus promesas,
inventa un calambur
con tu perenne nombre.
 
No cesa el viento de empujar
a las campanas cuando tañen.
 
 
Cansada de andar entre tus pautas,
al abrigo de tus férreas enseñanzas arrogantes,
acudo ilusa a orar al dios de la elocuencia
con dádivas de frases en mis manos,
con ofrendas de sílabas de amor,
que alumbren de sentido mi vital poema.
 
La tarde viene a contemplarme
y absorta,
me llora en mi ventana.
 
Todo se torna apenas importante,
la vida huele a niebla de noviembre.
Un camposanto se ha instalado en el paisaje de mi alma,
y los días
ocultos en sus tumbas,
son el fruto de esta cosecha del presente.
 
Hojas caen del árbol de la nada
muertas por dos veces.
 
Sobras quedan del hombre sostenido,
por mi andamiada de palabras
pronunciadas tras espejismos de macabro éxtasis;
que jugó con las miserias de mi mente,
que degolló al pájaro cantor de un solo golpe,
que olvidó a la niña sentada en algún parque.
 
Las fuentes del placer se han secado,
tu sequía las protege.
   
Conservo el recuerdo de tu brazo,
cuyo ángulo convexo
fue anclaje férreo de mi cuerpo
y asidero en días inestables;
aún huelo el frío que encerrabas en tus palmas,
mi abrigo gigantesco,
sosiego cálido en mis miedos infundados.
 
La memoria,
enemiga atroz,
me tortura con tu sombra y tu recuerdo.

FUGA Y DERRUMBE

 

 

Doy hueco oscuro
al amor que me hostigaba,
la sombra negra
ya no repta tras mis pasos.
En mis pulmones,
el alivio del suspiro
guerreando con mis ojos insistentes,
recordatorio febril de todos tus detalles.
 
Me daña el aire
al aprender a respirarle.
 
Tu fragancia
me confirió presa de la carne.
Ahora añoro las huellas de tus dedos;
caminantes proclives de mi sima,
deudores del placer que yo ofrecía,
estambres de azahar en las mañanas.
 
Invoco a un nuevo Satanás
que me eleve hasta los cielos.
 
Proclamo a esta ruina,
reina de rabias y amarguras.
Solo el procaz destello que inventan las luciérnagas,
Por un momento sol
en el jardín donde pasean mis dudas preferidas
salvaguardan a mi cuerpo de ser codiciado
por la inquina del murmullo ajeno.
 
Presiento un ángel
volando en mi venganza. 
 
La noche
viene a contemplarme,
tenebrosa vigía de mis culpas.
Mi oscura madre me brinda su regazo
y admito someterme a su negra disciplina.
En su vigilia muero
inmersa en la opacidad de algún instante;
pues débil por amor
soy ahora mansa.
 
Recurro a otra boca,
asesina de mi vergonzoso llanto.
 
Me duelen los lugares que habitaste,
fingiendo en sus rincones
que me amabas.
Ahora duermo apoyada en el corazón de Nadie;
elocuente contestador de mis soliloquios,
amigo íntimo de mis secretas vanidades.
 
Visualizo a otro mortal dios
descendiendo hasta mi infierno.
 
Tu esencia,
tormenta en las mañanas de mi mente,
quién incapaz de espantar a tus promesas,
inventa un calambur
con tu perenne nombre.
 
No cesa el viento de empujar
a las campanas cuando tañen.
 
 
Cansada de andar entre tus pautas,
al abrigo de tus férreas enseñanzas arrogantes,
acudo ilusa a orar al dios de la elocuencia
con dádivas de frases en mis manos,
con ofrendas de sílabas de amor,
que alumbren de sentido mi vital poema.
 
La tarde viene a contemplarme
y absorta,
me llora en mi ventana.
 
Todo se torna apenas importante,
la vida huele a niebla de noviembre.
Un camposanto se ha instalado en el paisaje de mi alma,
y los días
ocultos en sus tumbas,
son el fruto de esta cosecha del presente.
 
Hojas caen del árbol de la nada
muertas por dos veces.
 
Sobras quedan del hombre sostenido,
por mi andamiada de palabras
pronunciadas tras espejismos de macabro éxtasis;
que jugó con las miserias de mi mente,
que degolló al pájaro cantor de un solo golpe,
que olvidó a la niña sentada en algún parque.
 
Las fuentes del placer se han secado,
tu sequía las protege.
   
Conservo el recuerdo de tu brazo,
cuyo ángulo convexo
fue anclaje férreo de mi cuerpo
y asidero en días inestables;
aún huelo el frío que encerrabas en tus palmas,
mi abrigo gigantesco,
sosiego cálido en mis miedos infundados.
 
La memoria,
enemiga atroz,
me tortura con tu sombra y tu recuerdo.

 

Agosto 2017




Fotografía:
Código de registro: 1801065295825
Fecha de registro: 06-ene-2018 8:50 UTC
vídeo:
Código de registro: 1801065296037

Fecha de registro: 06-ene-2018 10:08 UTC

poema:
Código de registro: 1801065295818
Fecha de registro: 06-ene-2018 8:46 UTC :
María José Gutiérrez Sánchez